Al menos 89 jóvenes murieron en la última década mientras cumplían el Servicio Militar en Cuba.
Detrás de cada nombre hay una familia, una historia y una muerte que dejó preguntas sin respuesta. elTOQUE reconstruyó los casos, reunió testimonios, documentos y datos para mostrar qué ocurrió con esos jóvenes que estaban bajo responsabilidad del Estado cuando murieron.
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«Se los entregué vivo
y me lo trajeron en una caja»
Ydierg Fernández, madre de Darío Feria Fernández
Ver todas las entrevistas →Un régimen que llama a esto «servicio a la patria» mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.
Mario Félix LleonartDirector del Instituto Patmos

Cada registro es una persona. Busca, filtra y ordena.
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2024
19 años · Provincia · Causa
Documentos oficiales que regulan el Servicio Militar en Cuba y tratados internacionales · · Se abren en PDF.
Cada testimonio recoge la voz de un familiar y, en algunos casos, se acompaña de documentos relacionados con la historia.
madre de Jonathan Fernández Acanda
Yo me he refugiado en alguien más grande y es quien pelea mis batallas. Hace cuatro años acepté a Jesús en mi corazón, y cada una de las personas que estuvieron involucradas en esa unidad con respecto a lo que mi hijo hizo ya ni están allí. Dios se ha ocupado de hacer justicia. Porque Él es fiel y justo.
Mi hijo decidió quitarse la vida. No dejó nada escrito. Ese día lo habían regañado porque llevaba un celular en el bolsillo y, al final de la tarde, se lo devolvieron para que fuera a casa de mi mamá a guardarlo. Dicen que, cuando volvió, nadie le dijo nada. Pero en mi instinto como madre sé que no fue así. Porque eso fue un miércoles y ya el sábado él salía 15 días de vacaciones por estímulo. Algo pasó ese día que lo bloqueó y no pensó con claridad.

Tras su muerte, [los militares] me dijeron que mi hijo se suicidó y lo asociaron con que había tenido un antecedente.
Un día en la secundaria, jugando, dijo que se iba a cortar el cuello, pero lo atendimos con psicólogos y no tuvo indicios de suicidio; era porque estaba tenso por las pruebas y estaba pendiente de una operación que le hicieron en los pies.
Y, para colmo, su papá y yo nos acabábamos de separar. Todo eso fue una bomba en ese momento de su adolescencia. Pero al cabo de tres meses le dieron el alta porque no veían ningún indicio de suicidio.
Era un niño inteligente; le gustaba pintar, hacer ejercicios; se graduó de profesor de Educación Física. Buenas notas, callado, con una novia de toda la vida. Bueno, ¿qué te puedo decir? No fumaba ni bebía porque le caía mal.
Y por eso sé que pasó algo más que nunca salió a relucir en la unidad para que tan decididamente hiciera eso.
Ese mismo día hablé con él, cuando le quitaron el celular. Él estaba calmado. Me decía que iba a hablar con un jefe que era amigo suyo para que le dejaran guardar el móvil en casa de mi mamá, que era cerca de la unidad, aquí en San José de las Lajas.
Pero cuando viró de casa de mi mamá, seguro lo criticaron o lo humillaron o le hicieron bullying. La persona que se lo había quitado seguro sintió que le quitaron autoridad. Solo Dios sabe. Y en cuanto mi hijo entró a las diez de la noche a la guardia… Solo se demoró media hora, él solo, en esa oscuridad, en pensar lo que iba a hacer. Preparó el arma, quitó la salva y la guardó en el bolsillo de la camisa, quitó el cuchillo de alante y se pegó el cañón del arma entre los ojos, parado de pie, y se disparó.
Yo, como madre, imagínate, me volví loca. Tenía en ese momento una niña de solo cuatro años. Y estuve un mes viviendo en el cementerio. No aguantaba la idea de que mi hijo estuviera allí debajo, descomponiéndose.

Bajé mucho de peso, llegué a pesar 90 libras. Me enfermé de los nervios. Es una situación muy difícil, y vivía sola.
Mi niña me la cuidaba mi mamá, que había ido para mi casa a atenderme, y su papá, que, aunque estábamos separados, se portó muy bien todo ese tiempo.
Pero un día, estando allí, no me creerás, pero una voz me dijo: «Hija, ¿qué haces aquí? Ya aquí no se puede hacer nada. No estás sola, yo estoy contigo». Lloré mucho y volví a mi casa.
Me vine a vivir con mi mamá a San José porque no podía estar en aquella casa. Todo me recuerda a él. A los cinco meses de fallecer mi niño, descubro que mi mamá tiene cáncer de pulmones; solo pude estar con ella cinco meses.
Han sido tiempos llenos de tormentas, una prueba y otra, todo pegado. Ya me sentía desfallecer y me acordé de la voz que oí en el cementerio aquel día.
Empecé a ir a una iglesia aquí en San José. Y, aunque no creas lo que digo, me siento más tranquila conmigo misma. Dios ha sido una fortaleza en mí. Ha roto todas esas cadenas que me atormentaban.
En estos momentos estoy casada; ya mi niña tiene ocho años; estoy más repuesta, es decir, más gordita. Me pude comprar mi casita. Un apartamento.
Y vivo agradecida por lo que ahora tengo. Ya no tengo esa amargura, esa tristeza, esa agonía, esa soledad ni depresión que me atormente.
Siempre llevo a mi hijo en mi corazón y, cuando se acercan las fechas señaladas, ese día mi corazón late más lento, pero logro pasar el día porque Dios me acompaña, me fortalece y me sostiene de la mano.
No te hablo de religión, te hablo de un testimonio de dónde me sacó Dios.
Mi hijo se llamaba Jonathan Fernández Ancada, nació el 26 de mayo de 2002 y falleció el 29 de julio de 2022.
Especialistas analizan el fenómeno desde distintas disciplinas.
Especialista
Durante años, las muertes de jóvenes en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba han sido documentadas y denunciadas por familiares, activistas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y medios independientes. Sin embargo, muchas de esas historias permanecen dispersas, incompletas o han quedado fuera de los registros públicos.
Este proyecto, concebido como un memorial digital, se suma al esfuerzo de documentación y denuncia. Además de reunir y verificar información, busca preservar la memoria de las víctimas. Al documentar sus vidas, las circunstancias de sus muertes y las demandas de verdad y justicia de quienes los sobreviven, la investigación reivindica el derecho a la memoria y contribuye a construir un archivo público frente al silencio institucional.
El proyecto «Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados» obtuvo una beca otorgada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), una organización civil sin fines de lucro que promueve la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo independiente en América Latina.
La convocatoria se realizó en el marco del proyecto de periodismo de investigación Comunidad Colpin, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Esta investigación sistematiza y amplía el trabajo de documentación realizado durante años por organizaciones de derechos humanos como Archivo Cuba y Cubalex, cuyos informes han registrado numerosas muertes ocurridas bajo custodia del Estado cubano, incluidas las relacionadas con el Servicio Militar Obligatorio.
También se nutre de investigaciones periodísticas desarrolladas por Claudia Padrón Cueto, de CubaNet; José Manuel González Rubines; y del estudio El endurecimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, publicado por Cuba Siglo 21, entre otros antecedentes que han contribuido a visibilizar este fenómeno.
Reconocemos, asimismo, el sostenido trabajo de documentación realizado por la activista Alicia Alonso y por Alfredo González, padre de Annier González, quien murió durante el Servicio Militar Obligatorio. Tras la muerte de su hijo, Alfredo creó la página de Facebook «No más víctimas del Servicio Militar», desde la que ha recopilado durante años testimonios de familiares, denuncias, documentos, reportes y nueva información sobre jóvenes fallecidos. Ese espacio se ha convertido en uno de los principales repositorios ciudadanos sobre el tema.
Este trabajo también es deudor de la labor de los medios independientes cubanos que durante años han investigado, verificado y dado seguimiento a casos silenciados, minimizados o presentados de forma parcial por la prensa estatal. Su trabajo ha permitido reconstruir hechos, contrastar testimonios y preservar registros que, de otro modo, podrían haberse perdido.
Junto a esa labor, familiares, activistas e influencers cubanos han desempeñado un papel decisivo en la denuncia pública y la preservación de la memoria de las víctimas. A través de las redes sociales, han difundido fotografías, testimonios, documentos, llamados de auxilio y campañas de visibilización que, en numerosos casos, constituyen el primer registro público de una muerte ocurrida durante el Servicio Militar Obligatorio. La documentación ciudadana ha sido esencial para identificar casos, corroborar información y evitar que muchas de las historias quedaran sumidas en el silencio.
Si tienes información sobre una muerte que no está en el registro, cuéntanos. Revisamos cada envío con cuidado y confidencialidad.
Quiénes eran antes del uniforme: sus sueños, sus días, sus familias.
Actas, informes, denuncias y archivos que respaldan cada caso documentado.