Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados
Investigación

Morir en uniforme
Los hijos que Cuba convirtió en soldados

Al menos 89 jóvenes murieron en la última década mientras cumplían el Servicio Militar en Cuba.

Detrás de cada nombre hay una familia, una historia y una muerte que dejó preguntas sin respuesta. elTOQUE reconstruyó los casos, reunió testimonios, documentos y datos para mostrar qué ocurrió con esos jóvenes que estaban bajo responsabilidad del Estado cuando murieron.

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«Se los entregué vivo
y me lo trajeron en una caja»

Ydierg Fernández, madre de Darío Feria Fernández

El registro en cifras

89
Muertes documentadas
2017 – 2026
33 · 31
Accidentes y suicidios
Principales causas de muerte
18 · 19
Edades
Las más frecuentes
82,4 %
De los fallecimientos
Entre 2022 y 2025
Ver la lista completa → Cada joven, un registro. Adentro puedes buscar por nombre y filtrar por año, provincia o causa.

Voces de las familias

Collage de testimonios · 4:32

Un régimen que llama a esto «servicio a la patria» mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.

Mario Félix LleonartDirector del Instituto Patmos
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Ilustración: filas de reclutas cubanos marchando, en blanco y negro; sobre ellos el mapa de Cuba en rojo, sangrando, tapado con una curita.

El reportaje

La lista

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Confirmado
Hay evidencia suficiente para corroborar el fallecimiento durante el SMO y los datos esenciales del caso.
Reportado
El caso aparece en una fuente identificable, pero no se ha podido corroborar independientemente con evidencia suficiente.

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89 casos registradosAgrupado por año
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2024

Nombre del caso

19 años · Provincia · Causa

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¿Qué dicen las cifras?

    Marco legal

    Documentos oficiales que regulan el Servicio Militar en Cuba y tratados internacionales · · Se abren en PDF.

    Las familias hablan

    Cada testimonio recoge la voz de un familiar y, en algunos casos, se acompaña de documentos relacionados con la historia.

    Mirna Quiala

    madre de Osmel Manresa Quiala

    Mi niño se llama Osmel Manresa Quiala. Tenía 21 años. Era técnico mecánico de profesión y chofer, con intenciones de continuar estudios universitarios, que fueron truncados ante el empeño de la secretaria que atendía en la zona el Servicio Militar.

    Para mí resulta difícil decir «se llamaba».

    Como todos, pasó su previa en una unidad de la localidad santiaguera [Mangos de] Baraguá. Allí le manejó [el auto] al segundo jefe de la unidad hasta que fue trasladado para otra, ubicada en Yerba de Guinea, municipio Songo-La Maya, de Santiago de Cuba.

    Lo asignaron como chofer de otro jefe que tenía un carro, pero en mal estado. A mi hijo se le permitió trasladarlo hasta el garaje de un vecino y dedicarse a armarlo y arreglarlo, cosas que hizo en tiempo récord, y hasta lo pintó. Quedó casi nuevo. El jefe se maravilló con él y su empeño. Por su actitud, todos los jefes lo querían.

    Pero su padre, mi esposo, enfermó de algo grave que le diagnosticaron luego de operarse de un tumor de páncreas, y nos dijeron que podía durar unos tres meses de vida.

    Empecé a hablar con los jefes para su baja por la enfermedad de su padre, para que me ayudara en casa. Éramos él, su hermana y yo solos en casa, hecho que no escucharon, y solo una semana antes, es decir, a los dos meses y medio, que ya el padre apenas se sostenía, fue que le permitieron estar en la casa.

    Me asesoré, después de fallecido mi esposo, y supe que debían darle la baja por ser él quien podía contribuir con el sostén de la familia, pues yo no trabajaba, pero jamás lo permitieron. Así que, a los pocos días de morir su padre, tuvo que volver a la unidad. Por mucho que insistí y fui a la Región Militar a entrevistas, todo lo que pedí fue denegado.

    Justo el día del accidente de Melo —el 7 de septiembre—, mi esposo cumplía siete meses de muerto —7 de febrero—. Fue el mismo día, casi a la misma hora: un día 7.

    Esa madrugada, el yippy o vehículo militar que le habían asignado nuevamente tenía problemas, no quería arrancar y él lo estaba mecaneando. Llamó al jefe, le informó. Él se presentó en casa a decirle que tenía que arreglarlo y llevarlo en su carro. A duras penas y luego de muchos intentos, logró ponerlo en marcha e irse a la unidad.

    Luego de llegar, intentó parquear y seguir revisando el carro que estaba roto, pero su jefe no lo permitió y lo mandó a llevar al jefe de logística a una ponchera a arreglar una goma rota. El hombre se demoró y él subió a un árbol a coger mamoncillos porque ni desayuno le habían dado. Fue cuando ocurrió el fatal accidente.

    Cayó del árbol y estaba solo. Una vecina del lugar comenzó a pedir auxilio. La mujer me contó que él también gritaba y pedía auxilio y decía: «No puedo dejar a mi mamá».

    Luego me avisan y se presentan en mi casa. Cuando llegué al hospital, estaba en terapia, conectado a aparatos. Su cerebro estaba deshecho.

    Tuvo doce paros esa noche. Al amanecer, en la entrevista médica para explicarme su estado, me dijeron que debía desconectarlo para donar sus órganos y que ya no se podía hacer nada.

    Todavía me pregunto si lo maté al desconectar. Eso me castiga, la realidad aún me afecta.

    Todos sus órganos estaban sanos y los donaron. Repartieron a mi hijo en pedazos. Todavía sollozo ante el recuerdo.

    Todavía duele mucho, como el primer día.

    Él era mi vida, igual que su hermana. Él era el menor. Yo me siento sola muchas veces. Yo le decía Melo.

    Mi madre se traumatizó y a los 11 meses falleció. Él también era su vida.

    El vacío de mi hijo no lo llena nada.

    Los militares estuvieron en mi casa justo una semana después de su muerte para endulzar mi boca y para que no dijera ni hiciera nada por su fallecimiento. Y desde entonces nunca más.

    En este país, los hijos los parimos las madres y lo gobiernan ellos.

    Documentos del caso

    Miradas expertas

    Especialistas analizan el fenómeno desde distintas disciplinas.

    Especialista

    Nombre

    ¿Por qué surge este proyecto?

    Durante años, las muertes de jóvenes en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba han sido documentadas y denunciadas por familiares, activistas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y medios independientes. Sin embargo, muchas de esas historias permanecen dispersas, incompletas o han quedado fuera de los registros públicos.

    Este proyecto, concebido como un memorial digital, se suma al esfuerzo de documentación y denuncia. Además de reunir y verificar información, busca preservar la memoria de las víctimas. Al documentar sus vidas, las circunstancias de sus muertes y las demandas de verdad y justicia de quienes los sobreviven, la investigación reivindica el derecho a la memoria y contribuye a construir un archivo público frente al silencio institucional.

    ¿Quién lo hace posible?

    El proyecto «Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados» obtuvo una beca otorgada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), una organización civil sin fines de lucro que promueve la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo independiente en América Latina.

    La convocatoria se realizó en el marco del proyecto de periodismo de investigación Comunidad Colpin, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).

    Agradecimientos

    Esta investigación sistematiza y amplía el trabajo de documentación realizado durante años por organizaciones de derechos humanos como Archivo Cuba y Cubalex, cuyos informes han registrado numerosas muertes ocurridas bajo custodia del Estado cubano, incluidas las relacionadas con el Servicio Militar Obligatorio.

    También se nutre de investigaciones periodísticas desarrolladas por Claudia Padrón Cueto, de CubaNet; José Manuel González Rubines; y del estudio El endurecimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, publicado por Cuba Siglo 21, entre otros antecedentes que han contribuido a visibilizar este fenómeno.

    Reconocemos, asimismo, el sostenido trabajo de documentación realizado por la activista Alicia Alonso y por Alfredo González, padre de Annier González, quien murió durante el Servicio Militar Obligatorio. Tras la muerte de su hijo, Alfredo creó la página de Facebook «No más víctimas del Servicio Militar», desde la que ha recopilado durante años testimonios de familiares, denuncias, documentos, reportes y nueva información sobre jóvenes fallecidos. Ese espacio se ha convertido en uno de los principales repositorios ciudadanos sobre el tema.

    Este trabajo también es deudor de la labor de los medios independientes cubanos que durante años han investigado, verificado y dado seguimiento a casos silenciados, minimizados o presentados de forma parcial por la prensa estatal. Su trabajo ha permitido reconstruir hechos, contrastar testimonios y preservar registros que, de otro modo, podrían haberse perdido.

    Junto a esa labor, familiares, activistas e influencers cubanos han desempeñado un papel decisivo en la denuncia pública y la preservación de la memoria de las víctimas. A través de las redes sociales, han difundido fotografías, testimonios, documentos, llamados de auxilio y campañas de visibilización que, en numerosos casos, constituyen el primer registro público de una muerte ocurrida durante el Servicio Militar Obligatorio. La documentación ciudadana ha sido esencial para identificar casos, corroborar información y evitar que muchas de las historias quedaran sumidas en el silencio.

    ¿Conoces un caso que falta?

    Si tienes información sobre una muerte que no está en el registro, cuéntanos. Revisamos cada envío con cuidado y confidencialidad.

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    Historias de vida

    Quiénes eran antes del uniforme: sus sueños, sus días, sus familias.

    Documentos del caso

    Actas, informes, denuncias y archivos que respaldan cada caso documentado.

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