Al menos 89 jóvenes murieron en la última década mientras cumplían el Servicio Militar en Cuba.
Detrás de cada nombre hay una familia, una historia y una muerte que dejó preguntas sin respuesta. elTOQUE reconstruyó los casos, reunió testimonios, documentos y datos para mostrar qué ocurrió con esos jóvenes que estaban bajo responsabilidad del Estado cuando murieron.
Leer el reportaje completo →Elige una provincia o acerca el mapa. Cada punto es una muerte: tócalo para ver el caso.
«Se los entregué vivo
y me lo trajeron en una caja»
Ydierg Fernández, madre de Darío Feria Fernández
Ver todas las entrevistas →Un régimen que llama a esto «servicio a la patria» mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.
Mario Félix LleonartDirector del Instituto Patmos

Cada registro es una persona. Busca, filtra y ordena.
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2024
19 años · Provincia · Causa
Documentos oficiales que regulan el Servicio Militar en Cuba y tratados internacionales · · Se abren en PDF.
Cada testimonio recoge la voz de un familiar y, en algunos casos, se acompaña de documentos relacionados con la historia.
madre de Antonio Rassi Roque
Antonio era un joven centrado y feliz con sus compañeros de pre y su novia. Hacía una vida social acorde a su edad y luego estudiaría Licenciatura en Cultura Física en el Fajardo.
Llegan unas guaguas al preuniversitario, se los llevan al supuesto chequeo y los padres no vamos con ellos. Por lo tanto, no tengo documento, solamente que lo encontraron apto.
Antonio, como todo joven, no quería pasar el Servicio Militar. Es dejar una vida para vivir otra impuesta.

Mi hijo Antonio Rassi Roque falleció el 18 de agosto de 2025 en la Unidad Militar del Calvario, en la 50 de la 18 / 64.
Yo tuve una llamada con él a las 8:55 de la mañana, antes de entrar a la guardia. A las 2:45 de la tarde fue que me localizaron. ¿Qué pasó con mi hijo de 8:55 a 2:45 de la tarde?
Sí hubo tiempo de llamarme. Nunca recibí una llamada para informar el estado de Antonio.
Ese lunes fatídico, sí recibí la visita del capitán Ricardo Martínez, jefe de la unidad de la 50 del Calvario, entre otros funcionarios del Ejército Occidental que radican en la institución.
El primer teniente Aldo, político de la unidad, no estuvo presente ni en mi casa para dar la noticia, ni en la funeraria. Pregunto: si el jefe de la unidad y el político trabajan juntos, ¿por qué no estar presente?
Mi primera entrevista con las autoridades militares fue el 25 de agosto, totalmente inconcluyente. No quedé conforme con lo expuesto ahí. Me presenté otra vez los días 15 y 24 de septiembre, pero no se me atendió. Volví a la institución el 30 de septiembre de 2025. No pensaban recibirme, pero, por mi insistencia y al decir que no me retiraría de la unidad, mandaron una comisión con un teniente coronel de la Fiscalía, que nada tiene que ver militarmente con lo sucedido; es solo para las conclusiones del caso.
Por lo militar se presentan un coronel y un teniente coronel que nunca vi antes, pues no son ni el jefe de unidad de la 50 ni el político a cargo del lugar donde les entregué a mi hijo.
Usando palabras textuales por parte de estos funcionarios: «Que se maneja todo con total transparencia».
Pero pregunto: ¿por qué no estuvieron presentes el jefe de la unidad y el político responsable de mi hijo?
¿Dónde estaban los funcionarios a cargo de Antonio Rassi que no vieron su estado depresivo, la falta de aseo, el uniforme sucio, ya que tenía uno solo? El político lo expresó en la primera junta, el 25 de agosto, que él mismo lo mandó a lavar el uniforme.
¿Por qué no me llamaron para informarme de lo que estaba pasando con Antonio Rassi?
Varios soldados, no solo de la 50 del Calvario, me dicen que él no podía controlar el sueño. Si ellos, que son niños, se percataron del estado de Antonio, ¿cómo es posible que los encargados de él no lo hayan visto?
Consciente estoy de que a la jefatura llegaron esos rumores, pues ellos saben todo lo que ocurre con los soldados.
Es simple negligencia y falta de atención. Una muerte que se podía haber evitado.
Cito palabras textuales de un soldado: «Lo de Antonio podía haberse evitado».
Sé que mi hijo sufrió y los que estaban a cargo de Antonio lo sabían. No es tan simple lo ocurrido con Antonio en la unidad como lo quieren hacer ver.
Yo sé lo que ocurrió, ustedes lo saben también.
¿Qué ocurrió de las 8:55 de la mañana, que mi hijo me llamó, hasta las 2:45? Ellos tanto como yo sabemos que algo ocurrió.
La muerte de mi hijo, por decisión propia como me dicen, fue simple y llanamente la reacción a una acción provocada en la unidad.
Es simple lo que pido: la verdad dicha en mi cara por el responsable.
La Constitución del país me ampara y, sobre todo, mi derecho como madre. Un reclamo de madre es imposible de callar.
Mi hijo fue criado con sacrificio y dentro de los valores familiares, con su carrera universitaria por delante, pero jamás podrá cumplir sus sueños.
No voy a permitir que quede en silencio y termine en el olvido siendo uno de los cientos de jóvenes cubanos muertos en el servicio.

Desde el 18 de agosto de 2025, cuando falleció, ellos no han dado ninguna conclusión válida, solo que van a archivar el caso, pues el juez a cargo no encuentra causa para seguir el proceso.
Claro, eso es porque el fallecido es el recluta. Si hubiese sido un oficial, entonces ese juez sí tenía causa para seguir el proceso y enterrar a mi hijo en una prisión.
La investigación sobre su muerte la comencé a través de testimonios de los reclutas que estaban con él en la 50, con total veracidad. Hay un testimonio que implica al político del Ejército Occidental, y en la junta del 19 de noviembre él dio fe de lo expuesto por mí en cuanto a su persona.
Es un horror: hay responsables. Pero muchas familias no denuncian, pues tienen miedo de lo que les pueda ocurrir.
No creo ni en el color verde de sus trajes, ni en las estrellas puestas en sus hombros, ni en un sistema que, lejos de apoyar a las familias, se burla abiertamente frente a nuestras caras.
No creo ni en ustedes ni en un sistema que minimiza las vidas de tantos niños en sus instituciones militares, mataderos.
Se murió en la casa de ustedes, no en la mía.
Cuando una madre pierde un hijo en circunstancias como esta, desatan el diablo, la rabia y la indignación que lleva dentro.
Eso es lo que se necesita para que no existan más Antonio y Annier González [otro joven que murió en Matanzas], que lo horripilante que está pasando en Cuba con los jóvenes del SMO se conozca en el mundo y llegue a ser una lucha para defender, como la de los presos políticos.
No me cansaré de alzar la voz por ti, mi Antonio.
Especialistas analizan el fenómeno desde distintas disciplinas.
Especialista
Durante años, las muertes de jóvenes en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba han sido documentadas y denunciadas por familiares, activistas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y medios independientes. Sin embargo, muchas de esas historias permanecen dispersas, incompletas o han quedado fuera de los registros públicos.
Este proyecto, concebido como un memorial digital, se suma al esfuerzo de documentación y denuncia. Además de reunir y verificar información, busca preservar la memoria de las víctimas. Al documentar sus vidas, las circunstancias de sus muertes y las demandas de verdad y justicia de quienes los sobreviven, la investigación reivindica el derecho a la memoria y contribuye a construir un archivo público frente al silencio institucional.
El proyecto «Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados» obtuvo una beca otorgada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), una organización civil sin fines de lucro que promueve la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo independiente en América Latina.
La convocatoria se realizó en el marco del proyecto de periodismo de investigación Comunidad Colpin, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Esta investigación sistematiza y amplía el trabajo de documentación realizado durante años por organizaciones de derechos humanos como Archivo Cuba y Cubalex, cuyos informes han registrado numerosas muertes ocurridas bajo custodia del Estado cubano, incluidas las relacionadas con el Servicio Militar Obligatorio.
También se nutre de investigaciones periodísticas desarrolladas por Claudia Padrón Cueto, de CubaNet; José Manuel González Rubines; y del estudio El endurecimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, publicado por Cuba Siglo 21, entre otros antecedentes que han contribuido a visibilizar este fenómeno.
Reconocemos, asimismo, el sostenido trabajo de documentación realizado por la activista Alicia Alonso y por Alfredo González, padre de Annier González, quien murió durante el Servicio Militar Obligatorio. Tras la muerte de su hijo, Alfredo creó la página de Facebook «No más víctimas del Servicio Militar», desde la que ha recopilado durante años testimonios de familiares, denuncias, documentos, reportes y nueva información sobre jóvenes fallecidos. Ese espacio se ha convertido en uno de los principales repositorios ciudadanos sobre el tema.
Este trabajo también es deudor de la labor de los medios independientes cubanos que durante años han investigado, verificado y dado seguimiento a casos silenciados, minimizados o presentados de forma parcial por la prensa estatal. Su trabajo ha permitido reconstruir hechos, contrastar testimonios y preservar registros que, de otro modo, podrían haberse perdido.
Junto a esa labor, familiares, activistas e influencers cubanos han desempeñado un papel decisivo en la denuncia pública y la preservación de la memoria de las víctimas. A través de las redes sociales, han difundido fotografías, testimonios, documentos, llamados de auxilio y campañas de visibilización que, en numerosos casos, constituyen el primer registro público de una muerte ocurrida durante el Servicio Militar Obligatorio. La documentación ciudadana ha sido esencial para identificar casos, corroborar información y evitar que muchas de las historias quedaran sumidas en el silencio.
Si tienes información sobre una muerte que no está en el registro, cuéntanos. Revisamos cada envío con cuidado y confidencialidad.
Quiénes eran antes del uniforme: sus sueños, sus días, sus familias.
Actas, informes, denuncias y archivos que respaldan cada caso documentado.