Al menos 89 jóvenes murieron en la última década mientras cumplían el Servicio Militar en Cuba.
Detrás de cada nombre hay una familia, una historia y una muerte que dejó preguntas sin respuesta. elTOQUE reconstruyó los casos, reunió testimonios, documentos y datos para mostrar qué ocurrió con esos jóvenes que estaban bajo responsabilidad del Estado cuando murieron.
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«Se los entregué vivo
y me lo trajeron en una caja»
Ydierg Fernández, madre de Darío Feria Fernández
Ver todas las entrevistas →Un régimen que llama a esto «servicio a la patria» mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.
Mario Félix LleonartDirector del Instituto Patmos

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2024
19 años · Provincia · Causa
Documentos oficiales que regulan el Servicio Militar en Cuba y tratados internacionales · · Se abren en PDF.
Cada testimonio recoge la voz de un familiar y, en algunos casos, se acompaña de documentos relacionados con la historia.
padre de Annier González
Mi esposa no estaba en la capacidad de tener a nuestros hijos por problemas de salud mental y yo me fui con ellos. Los recogí, hice otra casa y los cuidé, siempre. Donde yo iba, iban mis hijos.
Un cuñado que yo tenía me mandaba una postal el Día de las Madres, porque decía que yo era la mamá y el papá de ellos.
Llegó la pandemia y durante dos años mi hijo Annier estuvo encerrado en la casa. No pudo disfrutar nada de ese tiempo de su juventud. Eso luego lo impactó mucho cuando entró en el Servicio Militar. El 12 de mayo de 2021 le avisaron que debía alistarse y el 3 de junio se lo llevaron.
Cuando llegó allí, fue un choque muy grande para él. Primeramente, porque lo criamos para no estar entre maltratos; y el Servicio Militar en este país es un lugar deprimente, con oficiales con muy baja autoestima, mediocres y abusadores.
Él no estaba adaptado a sobrevivir solo. Él estaba adaptado a que uno le resolviera todos los problemas. Hay veces en que uno se equivoca con eso, pero antes pensaba que él tenía todavía una vida por delante.

Durante los días de la previa lo pusieron a arrastrarse por el fango; a hacer planchas en un charco como castigo porque fue a buscar una guayaba; un chico se cayó de la cama y como castigo pusieron a toda la brigada a hacer planchas en la parte de afuera del albergue; otro muchacho bostezó en la formación y los pusieron a correr una hora. Los colchones estaban llenos de chincha. Se bañaban con un cubo de agua que cogían de una cisterna llena de gusarapos. Todo ese estrés lo fue acumulando.
Tampoco entendía el bullying, las faltas de respeto y las burlas entre los muchachos. No estaba adaptado a eso, no lo entendía.
Un día llegué a su unidad militar y lo vi tan flaco, mal. No sabía si dejarlo o llevármelo. No lo saqué porque tenía miedo de que luego me lo metieran preso; allí mismo tenían una prisión.
Al día 13 de estar mi hijo en la previa, le indicaron que debía ir para una torre de tres pisos de altura a custodiar a los reclusos de la prisión Combinado del Sur, en Matanzas.
Nunca había hecho eso. Le dieron un fusil y a la hora y 35 minutos, aproximadamente, se sintió el disparo que se dio.

***
«Papá, ¿tú no vas a venir a verme?», me había preguntado por teléfono poco antes. «Estoy con COVID, hijo», le respondí. Esa semana yo no pude ir a verlo. Le mandé las cosas que le hacían falta. Todos en casa estábamos enfermos. En un momento, mientras cuidaba a mi otra hija —que también estaba enferma—, me desmayé. Tenía 40 de fiebre. Pero era él quien peor estaba. Ese fue nuestro último mensaje.
Después de la noticia de su muerte, yo no tuve cabeza para nada, era de fatiga en fatiga. Fue terrible. Ese día nadie quería que yo lo viera. Les dije que sí: quería estar a solas con él. Los oficiales no me dejaban entrar. Les respondí: «Claro que voy a entrar porque él es mi hijo». Yo fui quien lo cargué y lo puse en su caja. Ese dolor no se me quita.
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¿Cómo voy a confiar entonces en la investigación y el reporte oficial que las autoridades hicieron sobre la muerte de Annier?
He hecho de todo en busca de justicia: fui al Consejo de Estado, a la Fiscalía General de la República, a la Fiscalía Militar… He pasado años presentando denuncias y me mandan de un lugar a otro. En uno me dicen que responderán en un plazo de dos meses; en otro, que en cinco… Al final, parece que lo que quieren es que no pase nada.
Si en mi caso hubiera una respuesta sobre los abusos cometidos por los responsables de la unidad contra los muchachos, los maltratos, las ofensas constantes y la manera en que todo eso incidió en la muerte de mi hijo —porque en ese momento él estaba bajo su custodia, no bajo la mía—, entonces tendrían que responder también ante las decenas de padres que estamos en la misma situación y que hemos perdido a nuestros hijos durante el Servicio Militar.
Para mí, se trata de una negligencia criminal de los militares en Cuba, del Estado y de todas las instancias responsables. Ha sido una muerte tras otra durante décadas y, sin embargo, se lavan las manos.
Un funcionario me dijo: «Fue una mala decisión de tu muchacho». «¿Una mala decisión de mi muchacho? La decisión de mi muchacho fue producto de ustedes», le respondí. He tenido que pasar por todas esas cosas. Cuando cuestioné a una fiscal por las irregularidades del expediente de la muerte de mi hijo, me dijo: «Ya se hizo y se cerró. Si está bien o está mal, se cerró». Así, con esas palabras. No les duelen nuestros hijos.
En Cuba no hay justicia, así que creo que no lo lograré, pero seguiré exigiéndola toda mi vida. A ellos no les importa porque sus hijos andan viajando y ni siquiera pasan el Servicio. Recordemos que este Gobierno cogió el poder matando gente, fusilando. La muerte para ellos es natural. Ver a un padre sufrir la muerte de un hijo, eso para ellos es normal, no les importa. Parte de nuestros padres, por desgracia, les dieron ese poder.
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Después de la muerte de mi hijo, he documentado y publicado en redes constantemente sobre los casos de decenas de víctimas del Servicio Militar, de una edad entre 18 y 25 años. Pero en total tengo registrados a más de 500 muchachos que han tenido problemas: han sido acosados por sus superiores; sufrieron secuelas por heridas de balas; tuvieron accidentes con armamento viejo; un grupo murió en una presa después de escaparse de una unidad. Es catastrófico.
A pesar de las consecuencias de denunciar la negligencia del Estado en un sistema como el de Cuba, ya somos varios los padres que lo hemos hecho públicamente y también a través de sus propios mecanismos institucionales. Nunca hemos obtenido una respuesta sobre los abusos de los que han sido víctimas nuestros hijos.
Como padres, muchos nos hemos unido y nos apoyamos. Me he encontrado con algunos los domingos en el cementerio.
***
En otros países democráticos, cuando ocurren muertes bajo custodia del Estado, hay derechos, leyes… Es diferente. Aquí me han hostigado, perseguido, encarcelado y amenazado por denunciar la muerte de mi hijo. Creen que así me voy a callar.
Un día le iba a rendir honores a mi hijo llevando flores al lugar donde murió, en el Combinado del Sur, en Matanzas, y me persiguieron y acosaron.
Otro día, uno de los hombres que he cuestionado por los abusos contra mi hijo en el Servicio me amenazó con que me denunciaría. En ese momento parece que no sabía cómo hacerlo ni por qué. Luego parece que supo que yo tengo una escopeta de cartucho, con licencia legal, y dijo: «Esta es la mía». Dijo que yo amenacé con matarlo e inventaron una acusación penal contra mí. Un invento todo para perjudicarme.
Yo no confío en ellos: son una trampa, capaces de todo.
Otro día que iba a La Habana desde aquí de Matanzas, un carro me fue siguiendo para allá y para acá de regreso. Pero yo soy una espina, no voy a desistir. Mi hijo y otros tantos hijos cubanos merecen justicia y memoria.
*Estas declaraciones fueron obtenidas inicialmente para el texto Reclamo de un padre cubano al poder: «la muerte de mi hijo en el Servicio no les duele».
Especialistas analizan el fenómeno desde distintas disciplinas.
Especialista
Durante años, las muertes de jóvenes en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba han sido documentadas y denunciadas por familiares, activistas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y medios independientes. Sin embargo, muchas de esas historias permanecen dispersas, incompletas o han quedado fuera de los registros públicos.
Este proyecto, concebido como un memorial digital, se suma al esfuerzo de documentación y denuncia. Además de reunir y verificar información, busca preservar la memoria de las víctimas. Al documentar sus vidas, las circunstancias de sus muertes y las demandas de verdad y justicia de quienes los sobreviven, la investigación reivindica el derecho a la memoria y contribuye a construir un archivo público frente al silencio institucional.
El proyecto «Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados» obtuvo una beca otorgada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), una organización civil sin fines de lucro que promueve la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo independiente en América Latina.
La convocatoria se realizó en el marco del proyecto de periodismo de investigación Comunidad Colpin, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Esta investigación sistematiza y amplía el trabajo de documentación realizado durante años por organizaciones de derechos humanos como Archivo Cuba y Cubalex, cuyos informes han registrado numerosas muertes ocurridas bajo custodia del Estado cubano, incluidas las relacionadas con el Servicio Militar Obligatorio.
También se nutre de investigaciones periodísticas desarrolladas por Claudia Padrón Cueto, de CubaNet; José Manuel González Rubines; y del estudio El endurecimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, publicado por Cuba Siglo 21, entre otros antecedentes que han contribuido a visibilizar este fenómeno.
Reconocemos, asimismo, el sostenido trabajo de documentación realizado por la activista Alicia Alonso y por Alfredo González, padre de Annier González, quien murió durante el Servicio Militar Obligatorio. Tras la muerte de su hijo, Alfredo creó la página de Facebook «No más víctimas del Servicio Militar», desde la que ha recopilado durante años testimonios de familiares, denuncias, documentos, reportes y nueva información sobre jóvenes fallecidos. Ese espacio se ha convertido en uno de los principales repositorios ciudadanos sobre el tema.
Este trabajo también es deudor de la labor de los medios independientes cubanos que durante años han investigado, verificado y dado seguimiento a casos silenciados, minimizados o presentados de forma parcial por la prensa estatal. Su trabajo ha permitido reconstruir hechos, contrastar testimonios y preservar registros que, de otro modo, podrían haberse perdido.
Junto a esa labor, familiares, activistas e influencers cubanos han desempeñado un papel decisivo en la denuncia pública y la preservación de la memoria de las víctimas. A través de las redes sociales, han difundido fotografías, testimonios, documentos, llamados de auxilio y campañas de visibilización que, en numerosos casos, constituyen el primer registro público de una muerte ocurrida durante el Servicio Militar Obligatorio. La documentación ciudadana ha sido esencial para identificar casos, corroborar información y evitar que muchas de las historias quedaran sumidas en el silencio.
Si tienes información sobre una muerte que no está en el registro, cuéntanos. Revisamos cada envío con cuidado y confidencialidad.
Quiénes eran antes del uniforme: sus sueños, sus días, sus familias.
Actas, informes, denuncias y archivos que respaldan cada caso documentado.