Al menos 89 jóvenes murieron en la última década mientras cumplían el Servicio Militar en Cuba.
Detrás de cada nombre hay una familia, una historia y una muerte que dejó preguntas sin respuesta. elTOQUE reconstruyó los casos, reunió testimonios, documentos y datos para mostrar qué ocurrió con esos jóvenes que estaban bajo responsabilidad del Estado cuando murieron.
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«Se los entregué vivo
y me lo trajeron en una caja»
Ydierg Fernández, madre de Darío Feria Fernández
Ver todas las entrevistas →Un régimen que llama a esto «servicio a la patria» mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.
Mario Félix LleonartDirector del Instituto Patmos

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2024
19 años · Provincia · Causa
Documentos oficiales que regulan el Servicio Militar en Cuba y tratados internacionales · · Se abren en PDF.
Cada testimonio recoge la voz de un familiar y, en algunos casos, se acompaña de documentos relacionados con la historia.
Madre de [caso]
Especialistas analizan el fenómeno desde distintas disciplinas.
Director de Instituto Patmos
Pastor bautista y director del Instituto Patmos, organización de la sociedad civil cubana que defiende los derechos humanos.
La ausencia de reconocimiento legal de la objeción de conciencia es una violación directa de la libertad de pensamiento, conciencia y religión, reconocida en el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. El Comité de Derechos Humanos de la ONU ha establecido claramente que este derecho se deduce del artículo 18 cuando el Servicio Militar implica el uso de la fuerza letal en conflicto grave con las convicciones profundas de la persona.
En Cuba, no se trata solo de una omisión legal: es una política deliberada de negación. El Estado obliga a los jóvenes a servir a un sistema que no actúa como «servidor de Dios para el bien» (Romanos 13:3-4), sino como una autoridad que genera y exporta el mal. Convertir el Servicio Militar en obligación absoluta, sin alternativa de conciencia, reduce a los jóvenes a carne de cañón de un régimen que los usa contra su pueblo y en conflictos ajenos. Ello vulnera la dignidad humana y convierte el reclutamiento militar en una forma de coerción ideológica y física.
Esas muertes son la consecuencia inevitable de un sistema opresivo, opaco y deshumanizante. Las cifras independientes (alrededor de 97 muertes documentadas entre 2001 y 2026, con un marcado aumento de suicidios en los últimos años, especialmente 2025) son solo la punta del iceberg. La edad promedio de las víctimas ronda los 18-19 años. Cuando un Estado recluta adolescentes, los somete a condiciones degradantes, niega la objeción de conciencia y luego atribuye sistemáticamente las muertes a «suicidios», «accidentes» o «hechos aislados», está eludiendo su responsabilidad primaria: proteger la vida de quienes pone bajo su control absoluto.
El Estado es responsable no solo por omisión, sino por crear las condiciones que producen estas muertes: aislamiento, maltrato, falta de atención psicológica real, castigos por intentos de deserción y un entorno en el que la dignidad es sistemáticamente destruida. Un régimen que llama a eso «servicio a la patria» —mientras esconde los cuerpos y silencia a las familias— está cometiendo una grave violación del derecho a la vida.
Cuando el Estado ofrece información incompleta o contradictoria, restringe el acceso a las investigaciones y no rinde cuentas, incumple obligaciones básicas del Derecho Internacional de los derechos humanos: el deber de investigar de manera pronta, independiente, imparcial, exhaustiva y efectiva toda muerte ocurrida bajo su custodia o control. Lo anterior incluye el derecho de las familias a la verdad, a la participación en el proceso y a una reparación efectiva.
La opacidad no es accidental: forma parte del diseño del sistema. Al negar investigaciones independientes se perpetúa la impunidad, se revictimiza a las familias y se envía el mensaje de que la vida de un joven recluta vale menos que la imagen del aparato militar. Esto constituye, en la práctica, una denegación de justicia sistemática.
Sí, absolutamente. La imposibilidad de objetar por motivos de conciencia, la ausencia de investigaciones creíbles, así como la falta de mecanismos de rendición de cuentas configuran un problema estructural. No son fallas aisladas ni excesos de mandos locales: es el diseño del Servicio Militar Obligatorio bajo un régimen totalitario que no admite límites a su poder sobre la conciencia y el cuerpo de los ciudadanos.
Cuando el Estado se arroga el derecho absoluto de disponer de la vida y la conciencia de los jóvenes sin permitirles decir «no» por convicciones profundas, y luego se niega a esclarecer las muertes que ocurren bajo su responsabilidad, está negando el núcleo de la dignidad humana. Es una violación estructural de los derechos a la vida, a la libertad de conciencia y a la integridad personal.
Las reformas mínimas e inaplazables son:
Reconocimiento legal pleno del derecho a la objeción de conciencia por motivos religiosos, éticos o de convicciones profundas.
Establecimiento de un servicio civil alternativo de carácter genuinamente no militar y no punitivo.
Creación de mecanismos independientes (con participación de familiares, sociedad civil y observación internacional) para investigar las muertes ocurridas durante el SMO, con acceso real a la información, autopsias transparentes y rendición de cuentas.
Fin de la conscripción de adolescentes y eliminación de las sanciones penales o administrativas por el ejercicio legítimo de la objeción de conciencia.
Mientras el régimen se niegue a esas reformas mínimas, seguiremos llamando —como lo hicimos públicamente en enero de 2026— a los jóvenes cubanos a ejercer su derecho a la objeción de conciencia. No están siendo llamados a servir a un Gobierno que usa la espada para el bien, sino a sostener un sistema que pisotea la vida. La objeción de conciencia no es solo un derecho individual: es un acto de fidelidad a la verdad y a la dignidad humana.
Durante años, las muertes de jóvenes en cumplimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba han sido documentadas y denunciadas por familiares, activistas, organizaciones de derechos humanos, periodistas y medios independientes. Sin embargo, muchas de esas historias permanecen dispersas, incompletas o han quedado fuera de los registros públicos.
Este proyecto, concebido como un memorial digital, se suma al esfuerzo de documentación y denuncia. Además de reunir y verificar información, busca preservar la memoria de las víctimas. Al documentar sus vidas, las circunstancias de sus muertes y las demandas de verdad y justicia de quienes los sobreviven, la investigación reivindica el derecho a la memoria y contribuye a construir un archivo público frente al silencio institucional.
El proyecto «Morir en uniforme: los hijos que Cuba convirtió en soldados» obtuvo una beca otorgada por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS), una organización civil sin fines de lucro que promueve la libertad de expresión, el acceso a la información pública y el periodismo independiente en América Latina.
La convocatoria se realizó en el marco del proyecto de periodismo de investigación Comunidad Colpin, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Esta investigación sistematiza y amplía el trabajo de documentación realizado durante años por organizaciones de derechos humanos como Archivo Cuba y Cubalex, cuyos informes han registrado numerosas muertes ocurridas bajo custodia del Estado cubano, incluidas las relacionadas con el Servicio Militar Obligatorio.
También se nutre de investigaciones periodísticas desarrolladas por Claudia Padrón Cueto, de CubaNet; José Manuel González Rubines; y del estudio El endurecimiento del Servicio Militar Obligatorio en Cuba, publicado por Cuba Siglo 21, entre otros antecedentes que han contribuido a visibilizar este fenómeno.
Reconocemos, asimismo, el sostenido trabajo de documentación realizado por la activista Alicia Alonso y por Alfredo González, padre de Annier González, quien murió durante el Servicio Militar Obligatorio. Tras la muerte de su hijo, Alfredo creó la página de Facebook «No más víctimas del Servicio Militar», desde la que ha recopilado durante años testimonios de familiares, denuncias, documentos, reportes y nueva información sobre jóvenes fallecidos. Ese espacio se ha convertido en uno de los principales repositorios ciudadanos sobre el tema.
Este trabajo también es deudor de la labor de los medios independientes cubanos que durante años han investigado, verificado y dado seguimiento a casos silenciados, minimizados o presentados de forma parcial por la prensa estatal. Su trabajo ha permitido reconstruir hechos, contrastar testimonios y preservar registros que, de otro modo, podrían haberse perdido.
Junto a esa labor, familiares, activistas e influencers cubanos han desempeñado un papel decisivo en la denuncia pública y la preservación de la memoria de las víctimas. A través de las redes sociales, han difundido fotografías, testimonios, documentos, llamados de auxilio y campañas de visibilización que, en numerosos casos, constituyen el primer registro público de una muerte ocurrida durante el Servicio Militar Obligatorio. La documentación ciudadana ha sido esencial para identificar casos, corroborar información y evitar que muchas de las historias quedaran sumidas en el silencio.
Si tienes información sobre una muerte que no está en el registro, cuéntanos. Revisamos cada envío con cuidado y confidencialidad.
Quiénes eran antes del uniforme: sus sueños, sus días, sus familias.
Actas, informes, denuncias y archivos que respaldan cada caso documentado.